Juan Carlos Otaduy: "El auténtico número 1"
Por Juan Carlos Otaduy | @lapolef1Hace semanas que en el paddock no se habla de otra cosa, al punto de que el asunto acabó por copar la rueda de prensa convocada por la FIA en vísperas del Gran Premio de Europa, ese carrerón que ha encumbrado al auténtico número 1 escoltado por campeones de la talla de Raikkonen y Schumacher. Todo comenzó en Mónaco el mes pasado cuando se supo del estancamiento sufrido en las negociaciones que mantienen la poderosa firma de representación de deportistas que vela por los intereses de Lewis Hamilton y los gestores de McLaren. Como es sabido el objeto de las conversaciones se centra en la renovación del contrato de Hamilton con los de Woking, un espléndido compromiso firmado nada más proclamarse el británico campeón del mundo que deberá ser revisado a la baja dentro del contexto recesivo que también ha alcanzado a la Fórmula 1.
No está hoy en día la gente de McLaren para dispendios basta darse un paseo por el paddock para comprobar que ninguna escudería lo está- y Hamilton y sus asesores afrontaron este último año de contrato convencidos de que las prestaciones deportivas de Lewis serían suficientes para ir negociando desde una posición de fortaleza; más aún considerando las vacantes que previsiblemente se darían a corto plazo en Red Bull (Webber), Mercedes (Schumacher) y Ferrari (Massa).
Lo cierto es que antes incluso de que Maldonado le recordase en Valencia la exacerbada competitividad imperante en el presente curso Hamilton precisó de siete carreras para alcanzar el escalón más alto del podium y puede que a corto plazo Webber acabe aferrándose al volante del Red Bull mientras el Kaiser parece decidido a prorrogar su segunda etapa en el Gran Circo, por supuesto bajo la sombra de la estrella plateada. Así pues a un crack del talento de Lewis Hamilton no le ha quedado más remedio que cortejar al Cavallino Rampante para seguir negociando con firmeza ante su patrón.
Sin embargo, y por más confidencias que intercambien en público, a Fernando Alonso no se le pasa por la cabeza conceder su plácet al hipotético fichaje de Hamilton por la Scuderia. El bicampeón asturiano que llegó a Maranello escarmentado por anteriores excesos de confianza -mantiene respecto a su compañero de garaje el mismo derecho de veto que se arrogó Schumacher en su momento o Niki Lauda décadas atrás, una capacidad de influencia asómbrese Ud- comparable a la que disfruta el propio Stefano Domenicalli en su calidad de Director Deportivo; aunque vistos el talento, arrojo y categoría derrochados por Alonso en el Puerto de Valencia ¿a quién pueden extrañarle tales prebendas? Cuitas e intrigas palaciegas han sido intrínsecas a la Ferrari desde los tiempos del Commendatore y siempre convenientemente utilizadas por los grandes nombres que se han sentado al volante de los bólidos italianos, nombres a los que pudiera sumarse el mismísimo Sebastián Vettel a medio plazo.
Que algo hay entre Vettel y Ferrari no se discute, que el propio Alonso ha dado su plácet al fichaje tampoco se pone en duda. Así pues cabría preguntarse quién puede tener la última palabra, si el alemán se ha reservado el derecho a retractarse -valga la exageración- hasta la misma Nochevieja del 2013 o la Scuderia pudiera dar aún un giro radical a su estrategia de futuro prescindiendo de hipotéticos servicios del talentoso rubiales. A la vista del calado del asunto Vettel fue cuestionado en Mónaco por sus gerifaltes y la respuesta no dejó lugar a dudas: total compromiso con la causa siempre y cuando la causa (léase Red Bull) siga comprometida con la Fórmula 1; y aquí es donde le duele a Red Bull y al resto de equipos cliente, sea puntero como es su caso o mayoritariamente del centro y fondo de la parrilla. Difícilmente podrán estas escuadras asumir el desembolso que a partir de 2014 les exigirán motoristas como Renault o Mercedes por equiparles con nuevos motores turboalimentados de costosísimo desarrollo. En un par de años la Fórmula 1 afrontará otra revolución al retomarse los propulsores que hicieran célebre la época de los Prost, Senna y Mansell, y aquí es donde se disparan las dudas ante un posible cambio de aires de Red Bull en busca de inversiones estratégicas de menor exigencia financiera.
En ese caso ya está al cabo de la calle que Sebastian Vettel bien pudiera recalar en Maranello, el bucólico pueblecito donde un banco de pruebas acoge desde hace meses el estruendoso rodaje de un motor turbo mientras su hombre fuerte enfila decidido el tercer título mundial. Con actuaciones como la reciente, capaces de desbordar la pasión en el Circuito Urbano de Valencia, pocos de sus colegas osarán cuestionárselo.

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