Juan Carlos Otaduy: "Salió Rana"
Por Juan Carlos Otaduy | @lapolef1Se agotan los calificativos para la temporada que vivimos en la Fórmula 1. Con apenas un tercio del campeonato consumido el refranero no da más de sí y tan solo queda esperar a que sea Romain Grosjean el octavo elegido para ocupar el escalón más alto del podium en Valencia, dentro de apenas quince días. Grosjean -y por supuesto su compañero Raikkonen- llevan semanas postulándose para la victoria, dejándose ver por la zona noble del paddock, pero entre dimes y diretes los Lotus aún no han catado el champán de los vencedores por muy merecido que, desde luego, lo tienen.
Quien sí ha podido por fin saludar a Montreal desde lo más alto ha sido Lewis Hamilton en una carrera que habría firmado el más afamado guionista de suspense tras un gran premio que, no lo olvidemos, patrocina el Casino de la urbe canadiense. Y puestos a hacer juego ¿Tocaba apostar a duros? ¿A blandos? Ferrari apostó y perdió, Ferrari fió su suerte al enorme talento de su jefe de filas mientras los tiffosi cruzaban los dedos, pero la leyes de la física no perdonan y al de Oviedo se le vino abajo el castillo de naipes ¡Y de qué manera! El envite salió rana pero aún así resulta obligado felicitar a los de Maranello -entre el aluvión de críticas que a estas horas seguirán recibiendo- por haber puesto en pista un coche ganador, un monoplaza con el que Alonso tenía el podium asegurado de no haber mediado un exceso de arrojo desde el mismo muro que tantas y tantas veces había pecado de conservadurismo en el pasado. Dicho esto, y tras felicitarnos por la mentalidad ganadora en la que se ha instalado la Scuderia, convendremos en que el carrerón de Hamilton resultó impecable y su victoria absolutamente merecida.
Cuando allá por el mes de marzo Button estrenó la temporada ganando en Melbourne muchos creíamos ver constatada sobre el asfalto la superioridad que los McLaren habían mostrado en pretemporada. Así pues era previsible que en breve plazo Hamilton se subiera también al carro de los ganadores convirtiendo al de Woking en el coche a batir. Sin embargo los duendes del asfalto frenaban en seco la racha de los británicos y otros nombres -algunos de primera fila, otros no tanto- han copado titulares de prensa mientras Lewis Hamilton no acertaba a comprender los motivos que le impedían aflorar el enorme potencial que propios y extraños atribuían a su bólido.
Después de un 2011 envuelto en estériles batallas Hamilton había manifestado su propósito de enmienda con la vista puesta en alcanzar un título que en los últimos años se le ha negado sistemáticamente, fuese por su manifiesta tendencia a enrolarse en guerras propias y ajenas o porque en ocasiones la mecánica se ha burlado de la manifiesta categoría que atesora. Sabido es que puesto a reinventarse Lewis cambió de mánager, de pareja, de lugar de residencia... y quién sabe si hasta lo habría hecho de escudería en alguno de sus recientes arrebatos. Esto último aún habrá de verse, aunque lejos de perjudicarle el alejamiento profesional de su familia o su traslado desde Suiza a Mónaco, el acercamiento vivido en las últimas semanas con el núcleo duro de McLaren y según propia confesión su reconciliación sentimental han acabado por brindarnos al mejor Lewis Hamilton que haya conocido la F-1.
Cuando a falta de unas vueltas para que cayera la bandera a cuadros Lewis alcanzó ayer tarde el rebufo de Alonso pareció sobrar la petición de calma de su ingeniero, tan evidente resultaba su superioridad y tan concentrado el modo en que conducía su McLaren. En este imprevisible campeonato del 2012 en el que toda quimera es factible aún no tenemos la certeza de que sean Vettel, Hamilton y Alonso los únicos candidatos al título; lo que sí nos consta es que visto lo visto un octavo nombre pudiera incorporarse de inmediato al plantel de vencedores vistas lo caprichosas que se han vuelto las carreras. Así pues, sigamos disfrutando.

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